Eso de la diversidad en el equipo está muy bien a nivel teórico, pero…

Autor: Núria Baldrich Mora

Publicado el 25 de octubre de 2022

Publicado el 25 de octubre de 2022

Autor: Núria Baldrich Mora

¿Estás de acuerdo conmigo en que la gestión de la diversidad en un equipo, sea este un equipo estable o sea un equipo constituido para materializar un proyecto colectivo concreto, es un reto ineludible?

En todos los equipos existe una diversidad de experiencias, opiniones, vivencias, emociones, actitudes, habilidades, maneras de hacer, etc. Así, la diversidad es una realidad intrínseca a los equipos de trabajo y, ante este hecho, a pesar de que a nivel discursivo podemos apoyar el valor de la diversidad, por ejemplo, o podemos contar con valores de inclusión, a nivel profundo, la realidad dista, y más de lo que queremos reconocer, de esa voluntad de ser inclusivos.

Acontece que, a menudo, esta diversidad se vive como una amenaza. Cuando esto pasa aparecen roles o posiciones en tensión y, a su vez, este hecho obstaculiza el avance hacia los objetivos comunes. Y esto es así porqué, en situaciones de esta índole, la energía para la co-creación generativa queda interrumpida: se pierde en la gestión de conflictos internos y en las definiciones limitantes entre los y las integrantes del equipo y, por tanto, no está disponible para aplicarse a otros fines más importantes.

Estoy segura de que sabes de lo que hablo y de que has experimentado, también en propia piel, conflictos y malestar emocional consecuencia de no saber acoger la diversidad inevitable que existe en los equipos de trabajo. ¿Me equivoco?

Lo que ocurre es que cada un@ miramos el mundo desde un filtro que cataloga las cosas en buenas o malas (pensamiento dual). En este contexto, las personas nos identificamos desde este filtro:

  • En unas polaridades y no en otras.
  • En unas formas de hacer y no en otras.
  • En unas concepciones del mundo y no en otras.
  • Etc.

A su vez, estas identificaciones llevan a que, en el foro interior de cada un@, tendemos a reprimir importantes partes de nosotr@s mism@s y, de rebote, rechazamos, de forma explícita o de manera inconsciente, cuando vemos estas partes reflejadas en nuestro entorno (lo que se conoce como proyecciones).

Este hecho supone unas consecuencias no deseadas en el sentimiento de pertenencia de aquell@s que constituyen un equipo dado. ¿Y cuál es el precio que pagamos por ello? Pues es un precio alto, puesto que la sostenibilidad del equipo y la capacidad para generar unos resultados a la altura del potencial existente en un contexto colectivo se deteriora si se niega el punto de vista de alguien, su historia o sus ideas.

Es por eso que abordar la diversidad es esencial. Y no sólo porque no hacerlo tiene un impacto en la pertenencia y la cohesión, no sólo porque genera un desgaste emocional como consecuencia de la tensión que aparece entre los integrantes del equipo y que no se sabe gestionar, sino también porque su mala gestión tiene un coste de oportunidad enorme en términos de desperdiciar el gran valor que la diversidad es capaz de generar a nivel de resultados. Así, por ejemplo, por citar algunos ejemplos de como aprovecharla nos permite tener mejores resultados: gracias a que somos diferentes, las debilidades de una persona del equipo se pueden compensar con las fortalezas de otra, o la combinación de fortalezas puede generar un efecto desde la sinergia que mejore la calidad de los resultados, o podemos utilizar la diversidad para hacer mejor las cosas si cada un@ entra a contribuir desde sus mejores habilidades en función de lo que se requiera en un momento dado de un proyecto.

Para concluir el presente artículo, no quiero dejar de nombrar esta idea: quiero enmarcar que gestionar bien la diversidad no es solo una cuestión externa, a pesar que también es cierto que podemos crear en el «afuera» sistemas para ello. Así, es también una cuestión interna. Y lo es en el sentido que sólo cuando somos capaces de acoger la diversidad a nivel interno es cuando podemos escuchar y acoger verdaderamente a otras personas con todo lo que son.

Además, por otro lado, acoger nuestra diversidad interna nos permite ampliar nuestra identidad, lo que, a su vez, amplía nuestras posibilidades de autoliderazgo para afrontar, con más recursos, los retos que se dan en cada momento.

Por último, con todo lo compartido y con las resonancias que te hayan podido surgir durante su lectura, te invito a seguir reflexionando más profundamente en torno a tus propias experiencias en relación al contenido que hoy te comparto. En particular, te invito a que valores el coste de no gestionar bien la diversidad y en torno a los beneficios de sí hacerlo… Haz una pausa, hazlo ahora.

No me dirás que con las ganancias que supone la diversidad no merece la pena prestarle la atención que esta merece ¿Verdad que sí?

¿Cómo gestionas tú la diversidad? ¿Es una fuente de conflictos o cuentas con herramientas y habilidades para aprovecharla? ¡Cuéntanos!

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