¿sabias que la conexión con tu vulnerabilidad es una fuente de poder y liderazgo?

Autor: Núria Baldrich Mora

Publicado el 26 de octubre de 2021

Publicado el 26 de octubre de 2021

Autor: Núria Baldrich Mora

Hoy quiero compartir unas ideas sobre la vulnerabilidad. Si, sé que es un tema y un lenguaje un poco diferente respecto a lo que vengo escribiendo, y también lo es la extensión de lo que comparto. He decidido escribir sobre ello porqué a mí me parece un tema esencial, pero, quizás, ves a saber, te sorprende un artículo sobre esta cuestión en un blog que versa sobre el liderazgo, el trabajo en equipo y la inteligencia colectiva. Puedo entender que para algun@s pueda resultar un tanto extraño. Pero la cuestión es que la vulnerabilidad es un aspecto ineludible de nuestra humanidad y, si no la escuchamos, afecta a nuestro propio liderazgo, a las dinámicas de vinculo que se generan en los equipos, y a las posibilidades de crear algo grande desde lo colectivo.

A pesar de ello, no es demasiado habitual estar en contacto con nuestra vulnerabilidad: no nos resulta fácil. De hecho, la cultura mayoritaria, que sostiene que la vulnerabilidad es un signo de debilidad, promueve que así sea.

Por ejemplo, últimamente me ha llamado la atención un anuncio televisivo que empieza con un “Dicen que los empresarios saben ocultar muy bien sus emociones”. Esto me conecta con una entrevista a Howard Schultz, presidente ejecutivo de Starbucks Howard Schultz, que The New York Times publicaba en 2010. En la citada entrevista, Shultz manifestaba que hay un imaginario colectivo como si los CEO tuvieran que saberlo todo, tener el control total y nunca pudieran mostrar debilidad. Señalaba como, aunque no te lo van a decir, muy pocas personas llegan al puesto y creen que ya están cualificadas para ser el CEO. En definitiva, planteaba como las personas que ocupan altos cargos dentro de una estructura jerárquica, por muy seguros y confiados que parezcan ser, pasan por momentos y etapas de inseguridad.

Lo expuesto en el parágrafo anterior muestra como, en nuestro marco cultural, lo que acabamos haciendo es luchar contra nuestra naturaleza vulnerable, insensibilizándonos de ella. Lo que acontece es que, al operar así, se produce un efecto contraproducente. El hecho es que insensibilizarse no es algo selectivo: cuando nos insensibilizamos de aquello que no queremos experimentar, porque lo asociamos a negativo y/o nos resulta incómodo, también estamos desconectándonos de otros afectos y de nuestra fuente de poder como Seres creadores.

Desde el enfoque de Hal y Sidra Stone, cuando nacemos somos pura vulnerabilidad. Es durante nuestro desarrollo social que se empiezan a constituir una serie de yos primarios (yos con los que nos identificamos), que nos dan el poder de afrontarnos a la vida. Sin estos yos primarios seríamos víctimas del mundo.

En este contexto, todo el sistema primario de yos, y también el crítico, están protegiendo la vulnerabilidad. Así, cuando esta se hace presente, encontramos como solución el actuar desde los yos primarios, para salir de ella lo antes posible. Igualmente, por la falta de capacidad de estar en contacto con la propia vulnerabilidad, cuando alguien en nuestro entorno está frágil miramos que salga del lugar donde se encuentra y, por ejemplo, le decimos precipitadamente cosas como "No te preocupes, todo irá bien".

En definitiva, la cultura y su internalización, nos hace creer que mostrarnos puede ser sinónimo de vulnerabilidad (definiéndola de manera limitante). Así, mostrar lo que uno siente, piensa y es nos hace visibles y, muchas veces, no lo hacemos porqué nos da miedo el juicio o que nos hagan daño. No queremos sentirnos vulnerables y, desde nuestra preferencia a estar en el poder hacer, entran en escena los yos primarios para jugar su papel. El problema es que estos yos que han aparecido para proteger al niño vulnerable, tampoco están en conexión con la vulnerabilidad: no la escuchan.

Ignorar la vulnerabilidad tiene un precio para nosotros mismos y para las relaciones que establecemos con las otras personas. Así, esta aversión a sentirla hace que, por un lado, perdamos poder personal y, por otro lado, nos lleva a entrar en dinámicas relacionales con los demás desde el reclamo a que atiendan nuestras necesidades de amor, de atención, de ser vistos y de inclusión. Es decir, la dificultad de conectar con la propia vulnerabilidad y, desde esta conexión, dar respuesta desde la adulta, hace que busquemos fuera cubrir las necesidades que no estamos atendiendo por nuestra parte. Cuando hacemos esto es como si pusiéramos nuestro niño en las piernas del otro desde el reclamarle y el culparle, en lugar de ser responsables de nuestra vulnerabilidad.

Resumiendo, el niño vulnerable, si no encuentra respuestas a sus necesidades en uno mismo, lo buscará en otros. Por tanto, hasta que no abrazamos en nosotros el aspecto vulnerable, estaremos constantemente haciendo las cosas para recibir el amor que no somos capaces de darnos a nosotros mismos. Al final, esto acaba suponiendo que muchas de las cosas que hacemos, las hacemos por la necesidad de este niño de ser cuidado, querido, de sentir que pertenece. Y, cuando hacemos esto, estamos convirtiéndonos en víctimas. Además, cuando somos víctimas, nuestro dolor nos hace verdugos: hacemos responsables a los demás de nuestro dolor y los definimos como los malos.

Cuando somos víctimas de la situación no hay posibilidad de cambio y crecimiento. Por el contrario, cuando somos responsables de nuestro aspecto vulnerable, dejamos de ser víctimas del mundo: tomamos nuestro poder.

Por otro lado, es importante enfatizar que abrazar nuestra vulnerabilidad no es convertirnos en ella (identificación). Más bien, tal como ya he apuntado anteriormente, es un enfoque dónde Yo soy adulto y el niño vulnerable es un aspecto mío al que atender. Así, cuando somos capaces de abrazarlo desde la propia parte adulta, es cuándo podremos decir sí cuando es sí y no cuando es no.

La conclusión a la que quiero apuntar, después de las reflexiones volcadas, es que conviene que reformulemos nuestra relación con la propia vulnerabilidad. Es necesario poder estar en contacto con el niño vulnerable y, desde la conexión con él, poder escucharlo y atenderlo. Por un lado, porqué es el aspecto que nos permite la conexión íntima con los demás: si queremos encontrar el camino que nos une, no nos queda otra que transitar la vulnerabilidad. Y esto es así porqué para que exista la conexión, hay que dejarse ver de verdad. Por otro lado, porqué una nueva forma de relacionarnos con la vulnerabilidad es esencial para recuperar el poder personal perdido.

En todo caso, es algo más fácil de decir que de hacer. Según la investigadora Brené Brown, de la cual me ha inspirado en algunas ideas para el presente artículo, para tal fin, se requiere coraje. En sus palabras “Coraje (que viene de la palabra en latín "cor" de corazón) significa, originalmente, explicar la historia de quien eres con todo tu corazón”. Y añade “Tener el coraje de ser imperfectos, y la compasión para tratarse con amabilidad para, después, poder tratar con amabilidad a los demás”.

Sin embargo, en eso de explicar tu historia con todo tu corazón, cabe alertar de una trampa: la trampa es la de abrirnos, recibir un impacto, y no tomarnos la responsabilidad de haber escogido abrirnos. En este sentido hay que tener claro que es una decisión el cuándo, cómo y dónde nos abrimos.

Finalmente, para cerrar el presente artículo, quiero apelar, no sólo, pero si en particular, a aquellos que me leéis y os identificáis de algún modo u otro con ser agentes de cambio. En una formación en la que anduve, se plantaron algunas ideas interesantes que quiero compartir a continuación. Estoy segura que te van a resultar bien sugerentes.

Se planteaba como es muy común que nuestro viaje como agentes de cambio se inicie en el actuar, aunque no seamos conscientes de ello, desde nuestras heridas. En este sentido, la motivación que hay detrás, aunque no lo sepamos explícitamente, es que queremos cambiar el mundo para que no nos duela. Actuamos en automático desde el dolor y, desde aquí, no podemos promover cambios.

Es desde la vulnerabilidad desde donde puede nacer la creatividad y el cambio que queremos ver en el mundo. Honrarla como parte ineludible de nuestra humanidad, es decir, dar la bienvenida respetuosamente a nuestro aspecto vulnerable, es lo que nos permite romper el maleficio que mantiene todo como de costumbre, a pesar de no estar en consonancia con nuestro proceso evolutivo. Además, cuanto más en contacto estamos con ella, más en contacto estaremos con nuestras motivaciones más profundas y con el servicio a los demás.

Por tanto, en lugar de temer el dolor y, ante ello, querer cambiar el mundo para no sentirlo, la idea es sacar fuerza de él para, ahora sí, poder generar, desde la congruencia y el servicio, un impacto positivo en el mundo. Actuar utilizando lo que somos es la fuente desde la que se pueden promover cambios potentes y bellos. En este sentido, actuar desde lo que verdaderamente somos para dar lo mejor de nosotros se podría asemejar a una bella perla que entregamos al mundo y que, a su vez, nace desde este lugar de dolor. Por si es el caso que no conoces el proceso de creación de una perla, te cuento que la perla surge a partir de un irritante que entra en un molusco y que, este, cubre de nácar. Es decir, en el centro de esa bella perla, hay una herida desde la que se originó tal belleza a ojos del mundo.

No te olvides de comentar y comparte si te ha gustado. ¡Gracias!

6 Comentarios

  1. Helio Borges

    Querida Nuria, resueno totalmente con todo lo que escribes. He tenido épocas de ejecutivo in-vulnerable que terminó en burn-out. En esta nueva etapa de mi vida decidí que no tenía nada que ocultar y tomé la decisión consciente de ser espontáneo y auténtico, dejando mostrar mis emociones. Me ha ido de maravilla, sobre todo en lo que se refiere a paz mental. Gracias

    Responder
    • Núria Baldrich Mora

      Hola Helio, muchas gracias por tu comentario y por compartir tu experiencia viva. Hacerlo es una forma de alentar a atr@s a hacer lo mismo. Me alegro de tu ganancia en paz mental.

      Responder
  2. jaume formosa

    Totalment d’acord !
    El Sergi Torres parla d’acceptar tot el que som i sentim, dolor, vulnerabilitat, sentiments «positius» o «negatius, com la ràbia, l’odi, les pors, angoixes, etc. i viure el que sentim, doncs és el que ens connecta, com bé dius, amb la nostra essència, amb el nostre poder, la nostra felicitat. I des d’aquí. des d’aquesta connexió, podem avançar autènticament a nivell personal, i relacionar-nos amb els altres, també des del nostre ésser autèntic, que és vital, amorós, i vol compartir i reconèixer-se en els altres, i no només necessitar dels altres.
    Molt maques totes aquestes reflexions que fas i molt interessants pels que ens movem en l’activisme social, on sovint aquests jos primaris es transformen en «egos».

    Responder
    • Núria Baldrich Mora

      Moltes gràcies pel comentari, Jaume. El tema dels egos apareixen en tot espai col·lectiu, sigui de caire social o empresarial. Tot un tema, que dóna per un altre article.

      Responder
  3. Ratonlab

    Tal y como están las cosas, somos cada vez más vulnerables y hay que introducir ese factor en cualquiera de los proyectos y propuestas en los que nos metamos.
    Un abrazo

    Responder
    • Núria Baldrich Mora

      Si, es un tema muy interesante al que hay que darle su espacio tanto individualmente como colectivamente.

      Responder

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